La escasez de alimentos y fibras textiles en los años posteriores a nuestra guerra civil originan un notable incremento de la superficie cerealistica y del esparto así como la introducción del algodón. En 1.945 se crea la Algodonera de Levante, S.A., que organiza el cultivo y su elaboración industrial con la instalción de una planta desmotadora y una fábrica de aceite en San Antón.
En los años cincuenta comienza una fase de predominio industrial con la recuperación de la minería de La Unión de la crisis originada a principios de siglo, la implantación de la industria petroquímica del Valle de Escombreras y el nuevo impulso que toman los astilleros. Unas industrias fundamentalmente de propiedad estatal que acaban, en buena parte, con la mentalidad burguesa-empresarial de iniciativa privada, imponiéndose otra de carácter funcionarial: "Colocarse en Bazán o Refinería y vivir de la olla grande".
Será en estos años cincuenta cuando se alcance el fin de la mortalidad catastrófica, pues cesa el racionamiento alimenticio y el estraperlo de la posguerra, mejorando la asistencia sanitaria. La población contará con agua potable suficiente, siendo en 1.957 cuando llega a nuestra localidad el agua del Taibilla por iniciativa de una comisión de vecinos integrada por Antonio Bolea, Miguel Martínez-Fortún, Geromo Pagán, Leandro González, Asensio Sánchez Blaya, etc. Esta nueva situación pondrá fin al suministro de agua mediante pozos y aljibes.
De 1.950 a 1.981 se produce un importaqnte ritmo de crecimiento de la población por encima de la media nacional y regional, creciendo la ciudad en un 33'40% y las diputaciones en un 24'80%. Si bien es cierto que se produce un importante éxodo del campo a la ciudad para trabajar en la industria, esta perdida de población quedará compensada con la llegada a nuestro pueblo de inmigrantes manchegos procedentes en su mayoría de Quintanar del Rey (Cuenca) y Quintanar de la Orden (Toledo).
En los año sesenta y en virtud de la Ley de Costas de 1.963, que permite las urbanizaciones en la costa, toma notable auge el turismo y la construcción, ésta última tanto en la ciudad como en las zonas costeras. Esta época de prosperidad beneficiará en La Palma a las fábricas de cerámica, fábrica de terrazos, albañiles y pintores.
Llega el fin de la agricultura tradicional debido a la introducción de nuevos sistemas de producción más intensivos en capital y tecnología. Se generaliza el empleo de maquinaria, abonos químicos, invernaderos, riego por goteo, etc. Esto provoca la caída en la demanda de mano de obra, buena parte de estos jornaleros emigran a Cartagena y a otros focos industriales del país como Barcelona y a los paises europeos (Francia y Alemania).
La difusión del regadío, con un aumento del más de un 260%, provoca la extensión de hortalizas (lechuga, bróculi, alcachofa), melón, naranjos y limoneros, algodón y pimiento para pimentón. Retroceden los cereales, el olivar, el viñedo, el almendro y las higueras. En junio de 1.961 se crea en nuestra diputación el Grupo Sindical de Colonización nº 1.944, para el aprovechamiento de aguas residuales para riego y abono de los campos.
También se crea la Sociedad Agraria de Transformación del secadero de pimientos para pimentón, cuyo cultivo será intenso en los años sesenta y setenta.
Los colonos o "terrajeros" cultivarán la tierra mediante arrendamiento o pago de renta anual en metálico al propietrio pero sobre todo, el sistema más utilizado será la aparcería o medianería donde propietario y mediero se reparten costes, beneficios y riesgos. El terraje variaba según la calidad de las tierras, por ejemolo en cerales y leguminosas una quita parte de la cosecha era para el propietario. La aparcería perfecta era "ir a medias", donde tanto los costes de explotación como los beneficios se repartían a partes iguales, aportando el propietario la tierra y el mediero los aperos de labranza y el trabajo.
Desde los primeros años de este siglo y de manera acelerada desde su segunda mitad se dan dos factores desencadenanates de la fragmentación de la propiedad en las fincas, que se acelera de generación en generación: el acceso a la titularidad de la tierra por parte de jornaleros-labradores en las grandes fincas y, de otra parte, la herencia que en nuestra zona es igualitaria. El actual proceso de concentración parcelaria pretende agrupar en los sectores de La Palma y La Puebla las dispersas 2.177 parcelas, pertenecientes a 264 propietarios, en 903 parcelas. Esto facilitará un mejor aprovechamiento de las explotaciones, mejorando su mecanización. Pero en los últimos años y como consecuencia de las transformaciones ocasionadas por el trasvase Tajo-Segura se inicia un cambio de tendencia, aumentando la concentración protagonizada por empreesas muy capitalizadas, sociedades agrarias de transformación y capital con fines especulativos.
En nuestro término municipal no se ha conseguido crear industrias de primera transformación (conservación, congelación y supercongelación) para conservar los productos tempranos y regular los mercados. Tampoco se han implantado industrias de segunda transformación para la obtención de conservas (mermeladas, almíbares, platos preparados, etc.) El agricultor está llamado a ser promotor y accionista de estas industrias así como de la distribución, pues de esta forma el valor añadido repercute en su beneficio.
Cándido Román, doctor en Historia Económica, expone en su obra "Usos y explotaciones de la tierra en la comarca del campo de Cartagena" que ha existido un secular divorcio entre la ciudad y los intereses agrícolas de su entorno, señalando una "actitud desidiosa" por parte de las autoridades municipales y otras instituciones a partir de los años setenta del presente siglo. Cartagena ha dejado pasar la oportunidad histórica que ofrecía la llegada de las aguas del trasvase de convertirse en la capital agrícola de la comarca, ocasión muy bien aprovechada por Torre Pacheco.
La Palma pasó de ser una comunidad agrícola a desarrollar una red de tejido industrial que empieza a generarse a finales del siglo pasado con los hornos y las bobilas productoras de ladrillos y de tejas morunas, industrias que aprovecharán la abundancia de estos suelos en arcillas. Junto a la estación del ferrocarril se asentarán una fábrica de esparto y otra de alcohol cuyos restos aún son visibles. Pero será en los años cincuenta y sesenta cuando se de un mayor desarrollo industrial merced a las fábricas y talleres de manufacturas, de mecánica y automoción, de electricidad industrial, de terrazos, de salazones, de servicios, etc.
La crisis del petróleo de 1.973 provoca el aumento de los costes de producción, la caída en la demanda de productos, el endeudamiento de empresas y el paro. Años más tarde al caer el proteccionismo estatal que impone la Comunidad Económica Europea, se pone de manifiesto la falta de competitividad y lo obsoleto del equipo productivo, al tiempo que se ha pagado un alto coste ecológico: la contaminación atmosférica en Cartagena y los vertidos en la Bahía de Portmán.
La crisis industrial también afectará a La Palma no en vano el 32% de su población activa trabaja en este sector económico, haciéndolo un 24'3% en servicios, 24'1% en la agricultura y 19'4% en la construcción.
Buenas perspectivas se abren para nuestro pueblo con la apertura de un polígono industrial de iniciativa privada de 325.000 metros cuadrados. La Junta gestora de la comunidad de propietarios está presidida por Juan Moreno Alfaro.
FUENTE:
SANCHEZ CONESA, José: La Palma, un pueblo cuenta su historia.Torre Pacheco. 1998.