La conquista de estas tierras por los cristianos y su incorporación al Reino de Castilla trae como consecuencia un descenso notable de población, y aque los "autenticos cartageneros", descendientes de íberos, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes que han sobrevivido emigran al Norte de Africa con sus hermanos d ecultura y sangre. Ni Fernando III ni Alfonso X logran atraer castellanosd para ocupar los territorios despoblados. En 1.407 la población se sitúa en 500 habitantes, el nivel de población más bajo desde la prehistoria. El panorama es desolador, pues sólo se cultiva en un radio próximo a los cinco kilómetros desde las murallas de la ciudad. Más allá la vegetación silvestre vuelve a cubrir los campos. Viviendas, acequias, pozos y balsas quedan abandonados y en ruínas, siendo únicos residentes gamos, corzos, venados, jabalíes, asnos silvestres y lobos. La comarca es un desierto donde una persona puede morir de sed en verano.

¿Qué nos ha quedado del mundo árabe? Influencias en las prendas de vestir, calzado, técnicas de construcción, costumbres alimenticias y curativas, juegos, etc. También han quedado huellas en la toponimia local: Algameca, Aljorra, Algar, Azohía, Galifa, etc.

Finalmente vienen catalanes desde tierras valencianas, consiguiendo el predominio de su idioma, lengua que será mayoritaria entre la población. Huellas que llegan hasta nuestros días en innumerables palabras como pésoles, garrofero, boria, baladre, bajocas y en la toponimia local como Isla Grossa (gruesa), Cala Reona (redonda), Calblanque (Cabo Blanco), Isla Plana, Cabo Roig (rojo), Cabezo Beaza (Beaça: alforja), la Serreta (sierrecita), EL Plan (llano). Apellidos de esta procedencia son: Cegarra, Celdrán, Cerdán, Conesa, Espín, Rosique, Fortún, Mercader, Meseguer, Torregrosa, Soler, Osete, Riquelme, Macián, Guillén.

Años más tarde se impondrá el uso del castellano como consecuencia de la llegada a nuestras tierras de gran número de aragoneses, que también dejarán, en nuestra habla, innumerables aportaciones. Siendo la más obresaliente el sufijo diminutivo -ico: "pequeñico", "bonico". Aunque es una afirmación bastante discutible. En el terreno folklórico traerán la popular jota.

En el siglo XV los desiertos campos acogen ganados de la Mesta (organización que agrupa a los ganaderos), que bajan en invierno de la Sierra de Segura, La Mancha y Serranía de Cuenca. Las arcas municipales se nutren por los impuestos con que gravan a los ganaderos por el derecho a pastos. La ganadería local de ovejas y cabras era más bien escasa. La lana se embarca en el puerto con destino a la industria textil europea.

Un pequeño número de familias acumulan las mejores tierras y el agua de riego, controlando también el poder municipal. Los trabajos más duros los realizan los esclavos. Las minorías marginadas por su cultura y religión son los mudéjares (musulmanes a quienes se permite seguir viviendo entre los vencedores cristianos sin cambiar de religión) y los judíos. Los primeros son expertos agricultores y artesanos y los segundos hábiles comerciantes, prestamistas y médicos.

La ausencia de lluvia ocasiona que pasen ocho y hasta diez años sin poder recoger cosechas, por ello se proyecta trasvasar a nuestros campos las aguas de los rios granadinos Castril y Guardal. La única solución viable es la perforación de pozos y el empelo de vino como sustituto del agua, trayéndose de La Mancha o Valencia cuando faltaba. El aceite es escaso por los pocos olivos existentes, extrayéndose de acebuche y lentisco. En años de malas cosechas, cuando se acaba el trigo y no se puede comprar, el hambre, la enfermedad y la muerte están presentes. Esto da lugar a motines y levantamientos campesinos. El único remedio es el alimento procedente de las plantas silvestres, como palmitos y garrofas. En 1.560 se funda el Pósito de Cartagena, supervisado por el alcalde mayor al objeto de garantizar el trigo tanto para consumo como para siembra, evitando también que se dispare le precio en época de escasez. En torno a 1.600 se come una "olla" a base de garbanzos, raramente habichuelas y lentejas, algo de verdura y si es posible tocino, manos u orejas de cerdo, cordero, ave o ternera. Unas veces se parece al potaje u "olla gitana" y en otras al cocido. Para el almuerzo y la cena ensalada, hervidos de verdura, queso, fruta, vino y pan. En zonas costeras se come algo parecido a los michirones, caldero y una especie de gazpacho, mújol del Mar Menor o anguilas de El Almarjal.

Los cultivos van sustitutyendo a los lentiscares que retroceden hasta las costas del Mar Menor, zona de mayor inseguridad y escasamente habitada por los ataques de los corsarios del norte de África. En 1.561 hay 157 casas dispersas por el campo, algunas fortificadas, otras simples chozas. El cronista Cascales nos describe una realidad un tanto idealizada cuando habla de "grandes cosechas de trigo, cebada y barrilla, muchas viñas que dan el mejor vino de este reino, árboles frutales". A los núcleos de Fuente-Alamo y Alumbres se suman a principios del siglo XVI La Palma y Pozo Estrecho. La primera vez que aparece escrito el nombre de la Palma es en un documento de la Mesta del año 1.505.

El 80% de la propiuedad de terrenos de secano está en manos de medianos propietarios, con una media de 25 hectáreas. Los 66 grandes propietarios cuentan con más de 50 hectáreas por propiedad. EL restante grupo de pequeños propietarios posee en torno a unas 6 hectáreas. Las propiedades en huerta son de escasa extensión, entre 1 y 6 hectáreas.

En 1.575 los ganados de la Mesta que vienen a invenar se sitúan sobre las treinta mil cabezas, pero comienza a declinar por estas fechas debido al aumento de tierras que se ponen en cultivo.

El poder de la ciudad está en manos de los grandes propietarios de tierras y ganados, a veces con intereses comerciales. A este grupo de poder se suman miembros de la alta burguesía comercial, sobre todo castellanos y genoveses. De Génova provienen la familia Ferro, Casanova y un tal Juanjé que se casó con María Aillón y Bolea "de lo más principal de Cartagena". Estos comerciantes compran los cargos de regidores (concejales), sumándose a las familias que controlan la vida política como los Bolea, Osete, Tacón, García Campero.

Entre un 25% y un 30% de la población del término cartagenero, unos dos mil habitantes, viven en el campo.

A partir de 1.699 se crean las parroquias de Alumbres, La Palma y Pozo Estrecho, erigiéndose más tarde las ermitas de La Guía, La Aparecida, Santos Médicos y La Magdalena. Los conventos y parroquias favorecen la creación de Cofradías y Hermandades, el siglo XVIII será el siglo de la evangelización católica en el ámbito rural.

En el año 1.700 residen en la zona rural una squince mil personas. Los núcleos más importantes de población serán La Palma, Pozo Estrecho y quizás El Algar; siendo el resto del término caseríos dispersos por el campo. Existe una gran población flotante compuesta por viajeros, vagabundos, marineros, comerciantes y segadores. Estos últimos vienen de La Mancha y traen sus costumbres como las populares "flores" en repostería y "las manchegas corridas" en el terreno folclórico. Otros residentes serán berberiscos, franceses, portugueses, murcianos, andaluces y valencianos.

La decisión de la corona de potenciar la marina en el siglo XVIII conlleva la creación de tres grandes departamentos marítimos: Cádiz, El Ferrol y Cartagena con el consiguiente despegue económico de estas ciudades. En Cartagena se origina una fuerte inversión en obra pública con la construcción del Arsenal, Hospital Naval, murallas, castillos, fortificaciones y acuartelamientos. La población militar es considerable, según el censo de Godoy de 1.797 se registran 12.762 militares sobre un total de poblaci´n de campo y ciudad de 49.597 habitantes. Por el censo de Aranda de 1.769 sabemos que la ciudad cuenta con 25.924 habitantes y en el campo habitan 7.353, siendo las agrupaciones de población más importantes Alumbres, La Palma y Pozo Estrecho. El censo de Floridablanca de 1.786 da a la ciudad 28.679 habitantes y 16.538 para el campo, siendo notable el aumento d epoblación en la zona rural. La ciudad crece y demanda productos alimenticios a un campo que se va cultivando progresivamente, facilitado este hecho por los repartos de tierras baldías e improductivas a aquellos agricultores que quieran trabajarlas. Esta decisión del Concejo (Ayuntamiento) se ejecuta entre los años 1.760 y 1.785, dando comienzo la conquista agrícola. Los cereales ocuparán el 93% de la producción y las viñas tan sólo el 5%. En La Palma se ubica el almacen de grano procedente de los diezmos que entregan los campesinos al Cabildo Catedralicio.

A mitad de este siglo, año 1.776, se crea la figura del alcalde pedáneo, delegado de la autoridad municipal en los principales pueblos, que tiene importantes competencias. El pósito les asigna dinero para que adquieran trigo para sus diputaciones en épocas de escasez y carestía. Velarán para que los abastos de pan, carne, vino, aceites no falten y sean de buena calidad y precio justo; actúan como agentes con plenos poderes de inspección y policia para evitar fraudes. Ordenarán a sus vecinos el mantenimiento de caminos, expulsarán gitanos que no tengan el pasaporte, organizarán matanzas de gorriones, tutubías y calandrias que provocaban daños en las cosechas. Como dato anecdótico diremos que tenían entre sus cometidos prohibir bailes y rifas para las ánimas en las puertas de las ermitas.

La Palma es en 1.758 la diputación con más tierras dispuestas para la siembra, con una superficie de 2.486 fanegas sobre un total municipal de 17.075, siendo cultivadas por 150 labradores sobre un total de 1.373 en todo el término. La estructura de la propiedad está muy repartida predominando la mediana y pequeña propiedad, pues 44 labradores disponen de menos de 5 fanegas, sólo 8 poseen entre 50 y 99 y únicamente 2 tienen más de 100 fanegas, éstas últimas consideradas ya gran propiedad.

Por estas fechas hay censados 81 molinos harineros en el campo cartagenero , existiendo 7 en La Palma y 1 en los Santos Médicos, sólo le supera San Antón con 21 y El Hondón con 11, según datos elaborados por el historiador Cándido Román.

FUENTE: SANCHEZ CONESA, José: La Palma, un pueblo cuenta su historia.Torre Pacheco. 1998.